Los viajes de Traviesín: La batalla de Santa Rosa de 1856





Los viajes de Traviesín: La batalla de Santa Rosa de 1856

Elaborado por: Marvin Carvajal Barrantes, Asesor Nacional de Estudios Sociales
Material para Segundo Ciclo de primaria y séptimo año de secundaria.


I PARTE

En el 2100 la nave espacial Santa Rosa 1 enfrenta un problema por la aproximación de un gran asteroide. Todos corren de un lugar para otro puesto que amenaza con destruir la nave. Marvincito está con su tarea de Estudios Sociales en el camarote y, en eso, se activan los parlantes y se escucha la voz de su papá que le dice:

− Diríjase a su Junior Nave y no olvide al perrito.


El niño alista todas sus cosas, también las de Traviesín (un perrito muy juguetón y travieso). Salen del camarote. Al llegar a la Junior Nave enciende los motores, espera que ingrese su papá y toca un botón cuadrado de color rojo que los lleva velozmente al planeta Tierra.

Ellos aterrizan en un lugar que llaman Costa Rica ya que sus familiares habitan en Cartago. Hace tiempo que no los visitan y están ansiosos por llegar, por lo que deciden alquilar un vehículo, el cual se desliza a gran velocidad ¡sin tocar el camino!

Al llegar donde sus familiares, se enteran de que muchas cosas han cambiado en el pueblo. A los días, también se dan cuenta de que la nave Santa Rosa 1 explotó por haber chocado contra el asteroide.

 − ¡Muchas personas no pudieron escapar...!

Marvincito está muy triste, debido a que algunos de sus amigos perdieron la vida.

En tanto, el papá del niño le dice:

Encienda la computadora para que concluya con la tarea de Estudios Sociales.

En esa época no existe la escuela y un programa es el que asigna los trabajos escolares. A Marvincito le da mucha pereza, pero se dispone a cumplir con su deber escolar.

Cuando termina, busca a Traviesín y decide pasear por la casa. El papá le ha prohibido entrar al sótano. Él está aburrido y piensa:

− ¡Ay, que pereza! Mi papá nunca me deja entrar y yo quiero saber cómo es y qué es lo que hay.  No me importa, voy a ver qué hay. Si algo pasa, Traviesín me cuida.

El niño abre la puerta del sótano, entra al lugar y está vacío. Solo hay una cama muy vieja; entonces, la corre hacia un lado. El perrito olfatea algo en el piso y descubre que alguien había escrito algo en un ladrillo:

- ¡1856, el gran secreto! 


II PARTE

Marvincito observa que las paredes son de ladrillo. En eso, se le ocurre contarlos de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, iniciando por la pared de la puerta. Cuando llega al número 1856, nota que está suelto y lo saca del sitio. Descubre que en el hueco se encuentra un viejo periódico que está muy estropeado y habla de la Batalla de Santa Rosa. El perrito salta alrededor del niño.

El niño piensa:

− ¡Ay, yo vivía en la nave Santa Rosa 1! ¡Esto está muy interesante, voy a leerlo!

El periódico relata:

"Costa Rica era un país de paz. Un día unos estadounidenses, también conocidos como filibusteros, llegaron a Nicaragua y se adueñaron de su gobierno. También querían apoderarse de la ruta del río San Juan y esclavizar a los costarricenses. Es por ello que deciden ingresar a Costa Rica y esconderse en la Casona de Santa Rosa.

El presidente de esa época se llamaba Juan Rafael Mora Porras (conocido también como Juanito Mora), cuando él se enteró de que los filibusteros estaban en suelo costarricense, reunió a las personas y les dijo:

− Dejen sus herramientas de trabajo y tomen las armas para formar rápidamente un ejército.

Los costarricenses pronto formaron el ejército y se dirigieron hacia la Casona.

Marvincito no puede leer más porque el periódico está muy estropeado, pero quiere saber por qué los filibusteros vinieron a Nicaragua y decidieron ingresar al territorio de Costa Rica y por qué los costarricenses decidieron atacar a los filibusteros en la Casona de Santa Rosa.

El niño se dirige al laboratorio de su papá, el perrito lo acompaña, quiere activar la gran computadora: ¡es una ALFA 5!, igual a la de la nave espacial Santa Rosa 1. Decide tocar un botón rectangular de color verde para activarla. Una gran imagen, que es la de una mujer, aparece y le pregunta:

 − ¿Qué desea saber?

ALFA 5 entiende todo lo que uno le habla.

Marvincito le dice:

− Quiero todos los datos sobre la Batalla de Santa Rosa del 20 de marzo de 1856.

Algo extraño debe suceder, han pasado diez minutos y ALFA 5 no le responde. De repente, la imagen de la mujer se queda mirándolo fijamente y le dice:

¿De verdad quiere saber todo lo que pasó en la Batalla de Santa Rosa?

El niño temeroso le dice:

¡Sí deseo saberlo todo!

El cuarto del laboratorio se oscurece y el perrito comienza a ladrar. Marvincito siente que todo da vueltas. En eso aclara un poco, como que se dirigen por un túnel y entonces aparecen en un lugar desconocido, ¡de otra época!


III PARTE

Marvincito se siente algo desorientado. El perrito ladra sin cesar, está en un pequeño pueblo que es algo extraño:

− Los caminos son de piedra y las casas de adobe con techo de teja.


En la parte alta de una de las casas con balcón hacia la calle están tres señores, quienes llevan trajes antiguos, hablando con un montón de personas. 



Todos los hombres usan un sombrero redondo, un saco largo y están descalzos. Las mujeres se cubren la cabeza y parte de su largo vestido con un gran velo. Escuchan con gran atención lo que dice el señor de barba que está en el centro:

− ¡Dejen sus herramientas de trabajo y tomen las armas para formar rápidamente un ejército!

 El niño no comprende lo que pasa. Camina hacia la esquina de la calle, mira con sorpresa un edificio antiguo de dos pisos que tiene una gran bandera colocada en el centro del techo de teja. Lo están cuidando varios policías con grandes rifles. Descubre que es la bandera de Costa Rica y piensa:

− ¡No puede ser! ¿Dónde estoy? Lo que estaba diciendo el señor de barba es igual a lo que dijo Juanito Mora. ¡Ay, Dios mío! ¿Qué hizo ALFA 5?

Pasa una señora y Marvincito le pregunta por la fecha de ese día.  Ella se le queda mirando muy extrañada, pero como es un niño, le contesta:

− Hoy es 3 de marzo de 1856.

Marvincito ahora está seguro de lo que sucede. Se encuentra en San José, antes de que el ejército costarricense se dirija a Guanacaste, a la Casona de Santa Rosa. Siente una gran alegría pues podrá observar todo lo que sucederá durante la batalla.

La señora le pregunta al niño dónde está su mamá y él le dice:

− Yo vivo en Cartago.  Soy el mayor de cinco hermanos y mi mamá está muy enferma. Vine a San José con Traviesín para encontrar trabajo.

El niño le pregunta a la señora:

− ¿Cómo se llama usted?

Ella le contesta:

- Mi nombre es Francisca Carrasco Jiménez. Soy de Taras. Mis amigas y amigos me dicen "Pancha". ¿Cómo es que no te he visto en Cartago?

Marvincito sonríe y más bien le dice:

−Es una gran suerte haberla conocido.

Francisca no entiende lo que el niño quiere insinuarle. La hace sentir mucha compasión por su situación y entonces le ofrece que se quede donde está hospedada, al menos por ese día.

Marvincito piensa:

− ¡No puede ser, es Pancha Carrasco! ¡La gran heroína nacional! ¿Cómo haré para que me lleve a Guanacaste?

Luego, él dice:

− Yo quiero quedarme con usted.

Entonces, Pancha decide llevarse al niño y al perrito para su casa. 


IV PARTE

Al entrar a la vivienda donde estaba hospedada Pancha, Marvincito observa que la puerta es grande, gruesa y muy pesada. El piso es de tierra; la cocina es de leña y la cama de paja. Hay una hamaca y ollas. La plancha es de hierro. La leña está amontonada cerca de la cocina y los cuartos se alumbran con candelas. Además son muy anchas las paredes que dividen las habitaciones.

El niño al sentarse en la silla y luego de mirar el sitio, piensa:

− ¡Qué aburrido! ¿Ahora que hago? No puedo jugar con la computadora.

      
 Francisca le ofrece un vaso de aguadulce con pan y Marvincito acepta porque tiene mucha hambre. Da un poco de pan a Traviesín. Pronto oscurece, la señora enciende las candelas y llama a Marvincito y al perrito para que recen el Santo Rosario; pero él no sabe rezar. Está muy preocupado de que Pancha descubra su secreto.

Marvincito dice:

− Tengo mucho sueño, voy a dormir.

Entonces Francisca le dice:

− No se acuesta hasta que rece el Rosario.

En eso, tocan la puerta y Pancha le dice:

- No te muevas de aquí, ya vengo.

El niño aprovecha la oportunidad para acostarse en la cama de paja. Cuando Pancha regresa, lo encuentra dormido. Le da lástima despertarlo, lo cobija y deja que el perrito lo acompañe.

Francisca se dirige al ropero para sacar un bolso que coloca en la mesa para alistar alguna ropa. También busca su fusil y algunos alimentos. Se hinca ante la imagen del Sagrado Corazón de Jesús para rezar varios padrenuestros y avemarías. En eso, siente un gran temor e implora:

− ¡Diosito mío, que no nos pase nada! ¡Protégenos a todos durante la batalla!

Pancha deja todo listo en la mesa y se acuesta en la hamaca.


V PARTE

Al día siguiente, Pancha sale muy queditica y cierra la puerta. Marvincito se despierta, se da cuenta que no está la señora; entonces, rápidamente alista sus cosas y se va en busca de ella.

Pancha va sentada a la par del capitán Clodomiro Escalante que arrea una de las carretas de mulas cargada con agua, alimentos y cubierta con una especie de lona. El niño la sigue, aprovecha un descuido y logra entrar por detrás. Se oculta cerca del barril de agua con la esperanza de llegar a Santa Rosa.

El capitán le comenta a Pancha:

− Nos dirigimos a Nicaragua. En tres días, llegaremos a Puntarenas para cruzar en balsa el Golfo de Nicoya y parte del Río Tempisque porque el 15 de marzo se debe estar en Liberia. Los soldados que vienen marchando detrás de las carretas gritan en coro:

¡Combatiremos fieramente a los filibusteros para defender a la familia, la tierra y la patria!




Los soldados visten camisa blanca de manga larga y pantalón azul, usan zapatos de cuero con aspecto tosco y sombrero blanco de lona. También cargan un fusil largo con un cuchillo en la punta. 


Los bueyes son utilizados para jalar los cañones. Las mujeres, los niños y los ancianos de San José, Heredia y Alajuela salen de las casas a mirar la marcha de los soldados, la caballería, las carretas y los cañones (algo nunca visto en aquellos poblados).

Ellos van por caminos pedregosos, en medio de cafetales y cañales, con el cielo espléndido y bajo un sol caluroso, propio del mes de marzo.

En la carreta del capitán Escalante se escucha un llanto, entonces, Pancha interroga:

¿Quién viene en la parte trasera de la carreta?

El capitán la detiene, coge un fusil, se va a revisar y dice:

¡No puede ser, es un niño con un perrito! Por favor, bájese.

Pancha, sorprendida, sale a su encuentro y dice:

Es un niño que vive en Cartago. No me explico cómo hizo para subirse a la carreta.
Entonces, el capitán pregunta:

¿Ahora qué hacemos con el niño y el perrito?

Marvincito llorando le dice a Pancha:

Tengo mucha sed y mucha hambre.

Pancha le responde al capitán:

No podemos dejarlo en este lugar. El poblado más cercano está en Esparza, donde se dividirán las tropas.

El niño replica diciendo:

- Yo me porto bien, les ayudo a repartir la comida y el agua a los soldados.

El capitán Escalante se queda mirando al niño con los ojos de un papá preocupado y dice:

Bueno, ¿qué se puede hacer?

El niño está muy contento. Puede continuar el viaje, pero debe convencerlos para que lo lleven a Guanacaste.


VI PARTE

Una vez en Esparza, las tropas deciden tomar un descanso y acampar. Las tiendas de campaña y el ajetreo de los soldados pronto transforman la paz y el paisaje del lugar. El Capitán detiene la carreta bajo un gran árbol y se apresta a encender una fogata. Dice a Marvincito:

Niño, vaya y tráigame leña bien seca para encender el fuego.

Entretanto, Pancha ayuda a preparar la comida de los soldados, especialmente la del capitán, persona a la cual ella admira por su trato amable, inteligencia y valentía.

El niño se luce ayudando, no solo al capitán sino también a Pancha, para ganarse su confianza. Pronto corre un rumor entre los soldados:

“El general Mora partirá con mil hombres a Puntarenas, los otros esperarán transporte. Quieren evitar una emboscada”.

Al Capitán y a Pancha les toca irse con el General Mora, pero no se animan a dejar solo a Marvincito y al perrito. Se han encariñado con ellos.

Bajo un gran calor, en Puntarenas, se cruza en lancha el Golfo de Nicoya con rumbo a Bagaces para encontrarse con la otra parte de la tropa. 

La temida emboscada no se da y entonces la tropa, ahora completa, parte sin novedad hasta la Ciudad de Liberia. 

Una vez allí, quedan a la espera de la llegada del presidente Mora y de su Estado Mayor.
Pronto se enteran de que soldados estadounidenses, llamados filibusteros, están descansando y preparándose en la Hacienda Santa Rosa con el fin de atacar Liberia.


VII PARTE

Cuando se conoce la noticia del pronto ataque de los filibusteros, las tropas costarricenses se agitan y preparan para la batalla. Juanito Mora y sus generales planean sorprenderlos con el asalto de la Casona de Santa Rosa, pero necesitan saber cuántos filibusteros están en ese lugar.

En una mañana caliente y de cielo azul, Juanito Mora mandó a llamar al capitán Clodomiro Escalante y le ordena:

Quiero que se acerque a la Casona, cuente los soldados, haga un mapa del lugar y señale donde están atrincherados.

El capitán Escalante sale del cuartel, camina por la Iglesia del lugar y piensa:

¿Cómo haré para aproximarme a la Hacienda Santa Rosa sin llamar la atención de los filibusteros?

En eso, pasan Pancha Carrasco, Marvincito y Traviesín. Saludan al capitán y se dirigen hacia donde está la carreta. El capitán Escalante se les queda mirando y piensa:

Claro, puedo pasar por un campesino que va en carreta por el lugar con su esposa, su hijo y un perrito.

Dicho y hecho, con gran valentía y sin temor, el capitán Clodomiro Escalante decide dirigirse a las cercanías de la Casona. Llega a una altura desde la cual se divisa donde los filibusteros se encuentran atrincherados y logra evitar que se note su presencia.


 
Mientras Pancha arrea la carreta, el capitán aprovecha para confeccionar un dibujo del lugar y anota toda la información que le pidió Juanito Mora. No duran mucho tiempo y retornan al encuentro de las tropas costarricenses que vienen de camino.


VIII PARTE

El 20 de marzo, aproximadamente a las tres de la tarde, el general José Joaquín Mora, luego de planear el ataque contra los filibusteros y con base en la información que dio el Capitán Clodomiro Escalante, da la orden para que los oficiales y soldados se lancen a la búsqueda del enemigo.

Antes de llegar a la Casona, los soldados pasan por un callejón a cuyos lados se extienden lomas de poca altura con muchos árboles y arbustos. Al salir del callejón, miran un valle hondo, limpio y escarpado. Al fondo, está la Casona que ocupa la altura, los corrales se encuentran a la mitad, tienen una cerca de piedra. El general Mora reúne a los oficiales y les ordena:

El Coronel Salazar debe atacar el frente, la izquierda y la derecha de la Casona con doscientos ochenta hombres. El capitán Marín le seguirá con dos cañoncitos, el capitán Gutiérrez irá con doscientos hombres por fuera de las cercas y tomará posición de la parte de atrás de las casas. La caballería quedará formada en el callejón hasta recibir la orden de cargar al enemigo. La tropa de Moracia esperará en el callejón, con doscientos hombres, para cubrir la retirada en caso necesario.

Pancha, Marvincito y Traviesín se quedan con la tropa de Moracia. Pancha comenta:

No nos movamos de aquí. Esto se va a poner muy feo.

Marvincito temeroso le responde:

¡Tengo mucho miedo! ¿Por qué vine a este lugar? Mejor no hubiera venido.

Los soldados, al escuchar los sonidos de las cornetas, acuden con bravura a los puestos de batalla y se dirigen enardecidos hacia la Casona.


Los mercenarios filibusteros se dan cuenta de lo que sucede, pero no disparan, tampoco los nuestros. El tiroteo empieza a una distancia aproximada de diecisiete metros de la casa.

Nuestros soldados saltan a los corrales sin importarles el mortífero fuego que les cae encima.  Una vez adentro no hay esperanza para los filibusteros: el sable y la bayoneta los hacen trizas y ellos, aterrados, no atinan a defenderse.

En eso, Traviesín escapa de Marvincito porque hieren al capitán Escalante cuando salta la cerca del patio. El niño asustado dice:

Traviesín, venga, venga...

Marvincito intenta perseguirlo, pero Pancha no lo deja. El perrito pasa por los corrales, en medio de las balas y los muertos hasta llegar donde el capitán.

Traviesín lame la cara del capitán Escalante. Un filibustero que se encuentra en el techo de la Casona, apunta y dispara.

El tiroteo termina. Todos están felices porque se gana la batalla, sin embargo, gran cantidad de muertos y heridos quedan dispersos en los corrales y patios ¡Ni qué se diga de los que se encuentran dentro de la Casona!

Marvincito está desconsolado, asustado y triste. Suelta a llorar, corre donde están el capitán y el perrito. Pancha lo sigue. 
 


 Al llegar, Pancha alza entre sus brazos al capitán y Marvincito se aproxima con el perrito.

El día está terminando, se escucha el quejido del capitán, como que estira la cabeza hacia atrás y deja de respirar. Marvincito llorando pregunta:

­ − ¿Por qué se murió el capitán?

Pancha responde:

Era un hombre valiente que entregó su vida para defender a su familia, nuestra tierra y la patria.

Pancha mira hacia el cielo que está oscuro. Sabe que será de un intenso azul cuando el nuevo día empiece y alumbre el verdor de los campos con la esperanza de que sean vencidos, definitivamente, los enemigos de la patria y de todos los pueblos centroamericanos.