Elaborado por: Marvin Carvajal Barrantes, Asesor Nacional
de Estudios Sociales
Material
para Segundo Ciclo de primaria y séptimo año de secundaria.
I PARTE
En el
2100 la nave espacial Santa Rosa 1 enfrenta un problema por la aproximación de
un gran asteroide. Todos corren de un lugar para otro puesto que amenaza con
destruir la nave. Marvincito está con su tarea de Estudios Sociales en el
camarote y, en eso, se activan los parlantes y se escucha la voz de su papá que
le dice:
El niño
alista todas sus cosas, también las de Traviesín (un perrito muy juguetón y
travieso). Salen del camarote. Al llegar a la Junior Nave enciende los motores,
espera que ingrese su papá y toca un botón cuadrado de color rojo que los lleva
velozmente al planeta Tierra.
Ellos
aterrizan en un lugar que llaman Costa Rica ya que sus familiares habitan en
Cartago. Hace tiempo que no los visitan y están ansiosos por llegar, por lo que
deciden alquilar un vehículo, el cual se desliza a gran velocidad ¡sin tocar el
camino!
Al llegar
donde sus familiares, se enteran de que muchas cosas han cambiado en el pueblo.
A los días, también se dan cuenta de que la nave Santa Rosa 1 explotó por haber
chocado contra el asteroide.
− ¡Muchas
personas no pudieron escapar...!
Marvincito
está muy triste, debido a que algunos de sus amigos perdieron la vida.
En tanto,
el papá del niño le dice:
− Encienda
la computadora para que concluya con la tarea de Estudios Sociales.
En esa
época no existe la escuela y un programa es el que asigna los trabajos
escolares. A Marvincito le da mucha pereza, pero se dispone a cumplir con su
deber escolar.
Cuando
termina, busca a Traviesín y decide pasear por la casa. El papá le ha prohibido
entrar al sótano. Él está aburrido y piensa:
− ¡Ay, que pereza! Mi papá nunca me deja entrar y
yo quiero saber cómo es y qué es lo que hay. No me importa, voy a ver qué
hay. Si algo pasa, Traviesín me cuida.
El niño
abre la puerta del sótano, entra al lugar y está vacío. Solo hay una cama muy
vieja; entonces, la corre hacia un lado. El perrito olfatea algo en el piso y
descubre que alguien había escrito algo en un ladrillo:
- ¡1856,
el gran secreto!
II PARTE
Marvincito
observa que las paredes son de ladrillo. En eso, se le ocurre contarlos de
izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, iniciando por la pared de la puerta.
Cuando llega al número 1856, nota que está suelto y lo saca del sitio. Descubre
que en el hueco se encuentra un viejo periódico que está muy estropeado y habla
de la Batalla de Santa Rosa. El perrito salta alrededor del niño.
El niño
piensa:
− ¡Ay, yo vivía en la nave Santa Rosa 1! ¡Esto está
muy interesante, voy a leerlo!
El
periódico relata:
"Costa Rica era un país de paz. Un día unos
estadounidenses, también conocidos como filibusteros, llegaron a Nicaragua y se
adueñaron de su gobierno. También querían apoderarse de la ruta del río San
Juan y esclavizar a los costarricenses. Es por ello que deciden ingresar a
Costa Rica y esconderse en la Casona de Santa Rosa.
El presidente de esa época se llamaba Juan Rafael
Mora Porras (conocido también como Juanito Mora), cuando él se enteró de que
los filibusteros estaban en suelo costarricense, reunió a las personas y les
dijo:
− Dejen sus herramientas de trabajo y tomen las
armas para formar rápidamente un ejército.
Los
costarricenses pronto formaron el ejército y se dirigieron hacia la Casona.
Marvincito
no puede leer más porque el periódico está muy estropeado, pero quiere saber por qué los filibusteros vinieron a
Nicaragua y decidieron ingresar al territorio de Costa Rica y por qué los costarricenses decidieron atacar
a los filibusteros en la Casona de Santa Rosa.
El niño
se dirige al laboratorio de su papá, el perrito lo acompaña, quiere activar la gran
computadora: ¡es una ALFA 5!, igual a la de la nave espacial Santa Rosa 1. Decide
tocar un botón rectangular de color verde para activarla. Una gran imagen, que
es la de una mujer, aparece y le pregunta:
− ¿Qué desea saber?
− ¿Qué desea saber?
ALFA 5
entiende todo lo que uno le habla.
Marvincito
le dice:
− Quiero todos los datos sobre la Batalla de Santa
Rosa del 20 de marzo de 1856.
Algo
extraño debe suceder, han pasado diez minutos y ALFA 5 no le responde. De repente,
la imagen de la mujer se queda mirándolo fijamente y le dice:
− ¿De
verdad quiere saber todo lo que pasó en la Batalla de Santa Rosa?
El niño
temeroso le dice:
− ¡Sí
deseo saberlo todo!
El cuarto
del laboratorio se oscurece y el perrito comienza a ladrar. Marvincito siente
que todo da vueltas. En eso aclara un poco, como que se dirigen por un túnel y
entonces aparecen en un lugar desconocido, ¡de otra época!
III PARTE
Marvincito
se siente algo desorientado. El perrito ladra sin cesar, está en un pequeño
pueblo que es algo extraño:
− Los caminos son de piedra y las casas de adobe
con techo de teja.
En la
parte alta de una de las casas con balcón hacia la calle están tres señores, quienes
llevan trajes antiguos, hablando con un montón de personas. Todos los hombres usan un sombrero redondo, un saco largo y están descalzos. Las mujeres se cubren la cabeza y parte de su largo vestido con un gran velo. Escuchan con gran atención lo que dice el señor de barba que está en el centro:
− ¡Dejen sus herramientas de trabajo y tomen las
armas para formar rápidamente un ejército!
El niño
no comprende lo que pasa. Camina hacia la esquina de la calle, mira con
sorpresa un edificio antiguo de dos pisos que tiene una gran bandera colocada
en el centro del techo de teja. Lo están cuidando varios policías con grandes
rifles. Descubre que es la bandera de Costa Rica y piensa:
− ¡No puede ser! ¿Dónde estoy? Lo que estaba
diciendo el señor de barba es igual a lo que dijo Juanito Mora. ¡Ay, Dios mío!
¿Qué hizo ALFA 5?
Pasa una
señora y Marvincito le pregunta por la fecha de ese día. Ella se le queda mirando muy extrañada, pero
como es un niño, le contesta:
− Hoy es 3 de marzo de 1856.
Marvincito
ahora está seguro de lo que sucede. Se encuentra en San José, antes de que el
ejército costarricense se dirija a Guanacaste, a la Casona de Santa Rosa. Siente
una gran alegría pues podrá observar todo lo que sucederá durante la batalla.
La señora
le pregunta al niño dónde está su mamá y él le dice:
− Yo vivo en Cartago. Soy el mayor de cinco hermanos y mi mamá está
muy enferma. Vine a San José con Traviesín para encontrar trabajo.
El niño
le pregunta a la señora:
− ¿Cómo se llama usted?
Ella le
contesta:
- Mi nombre es Francisca Carrasco Jiménez. Soy de
Taras. Mis amigas y amigos me dicen "Pancha". ¿Cómo es que no te he
visto en Cartago?
Marvincito
sonríe y más bien le dice:
−Es una gran suerte haberla conocido.
Francisca
no entiende lo que el niño quiere insinuarle. La hace sentir mucha compasión
por su situación y entonces le ofrece que se quede donde está hospedada, al
menos por ese día.
Marvincito
piensa:
− ¡No puede ser, es Pancha Carrasco! ¡La gran
heroína nacional! ¿Cómo haré para que me lleve a Guanacaste?
Luego, él
dice:
− Yo quiero quedarme con usted.
Entonces,
Pancha decide llevarse al niño y al perrito para su casa.
IV PARTE
Al entrar
a la vivienda donde estaba hospedada Pancha, Marvincito observa que la puerta
es grande, gruesa y muy pesada. El piso es de tierra; la cocina es de leña y la
cama de paja. Hay una hamaca y ollas. La plancha es de hierro. La leña está
amontonada cerca de la cocina y los cuartos se alumbran con candelas. Además
son muy anchas las paredes que dividen las habitaciones.
− ¡Qué aburrido! ¿Ahora que hago? No puedo jugar
con la computadora.
Francisca le ofrece un vaso de aguadulce con pan y Marvincito acepta porque tiene mucha hambre. Da un poco de pan a Traviesín. Pronto oscurece, la señora enciende las candelas y llama a Marvincito y al perrito para que recen el Santo Rosario; pero él no sabe rezar. Está muy preocupado de que Pancha descubra su secreto.
Francisca le ofrece un vaso de aguadulce con pan y Marvincito acepta porque tiene mucha hambre. Da un poco de pan a Traviesín. Pronto oscurece, la señora enciende las candelas y llama a Marvincito y al perrito para que recen el Santo Rosario; pero él no sabe rezar. Está muy preocupado de que Pancha descubra su secreto.
Marvincito
dice:
− Tengo mucho sueño, voy a dormir.
Entonces
Francisca le dice:
− No se acuesta hasta que rece el Rosario.
En eso, tocan
la puerta y Pancha le dice:
- No te muevas de aquí, ya vengo.
El niño
aprovecha la oportunidad para acostarse en la cama de paja. Cuando Pancha
regresa, lo encuentra dormido. Le da lástima despertarlo, lo cobija y deja que
el perrito lo acompañe.
Francisca
se dirige al ropero para sacar un bolso que coloca en la mesa para alistar
alguna ropa. También busca su fusil y algunos alimentos. Se hinca ante la imagen
del Sagrado Corazón de Jesús para rezar varios padrenuestros y avemarías. En
eso, siente un gran temor e implora:
− ¡Diosito mío, que no nos pase nada! ¡Protégenos a
todos durante la batalla!
Pancha
deja todo listo en la mesa y se acuesta en la hamaca.
V PARTE
Al día
siguiente, Pancha sale muy queditica y cierra la puerta. Marvincito se
despierta, se da cuenta que no está la señora; entonces, rápidamente alista sus
cosas y se va en busca de ella.
Pancha va
sentada a la par del capitán Clodomiro Escalante que arrea una de las carretas
de mulas cargada con agua, alimentos y cubierta con una especie de lona. El
niño la sigue, aprovecha un descuido y logra entrar por detrás. Se oculta cerca
del barril de agua con la esperanza de llegar a Santa Rosa.
El capitán
le comenta a Pancha:
− Nos dirigimos a Nicaragua. En tres días,
llegaremos a Puntarenas para cruzar en balsa el Golfo de Nicoya y parte del Río
Tempisque porque el 15 de marzo se debe estar en Liberia. Los soldados que vienen marchando detrás de las
carretas gritan en coro:
−
¡Combatiremos fieramente a los filibusteros para defender a la familia, la
tierra y la patria!
Los soldados visten camisa blanca de manga larga y pantalón azul, usan zapatos de cuero con aspecto tosco y sombrero blanco de lona. También cargan un fusil largo con un cuchillo en la punta.
Los bueyes son utilizados para jalar los cañones. Las mujeres, los niños y los ancianos de San José, Heredia y Alajuela salen de las casas a mirar la marcha de los soldados, la caballería, las carretas y los cañones (algo nunca visto en aquellos poblados).
Ellos van
por caminos pedregosos, en medio de cafetales y cañales, con el cielo
espléndido y bajo un sol caluroso, propio del mes de marzo.
En la
carreta del capitán Escalante se escucha un llanto, entonces, Pancha interroga:
− ¿Quién
viene en la parte trasera de la carreta?
El capitán
la detiene, coge un fusil, se va a revisar y dice:
− ¡No
puede ser, es un niño con un perrito! Por favor, bájese.
Pancha,
sorprendida, sale a su encuentro y dice:
− Es un
niño que vive en Cartago. No me explico cómo hizo para subirse a la carreta.
Entonces,
el capitán pregunta:
− ¿Ahora
qué hacemos con el niño y el perrito?
Marvincito
llorando le dice a Pancha:
− Tengo
mucha sed y mucha hambre.
Pancha le
responde al capitán:
− No
podemos dejarlo en este lugar. El poblado más cercano está en Esparza, donde se
dividirán las tropas.
El niño
replica diciendo:
- Yo me
porto bien, les ayudo a repartir la comida y el agua a los soldados.
El capitán
Escalante se queda mirando al niño con los ojos de un papá preocupado y dice:
− Bueno,
¿qué se puede hacer?
El niño
está muy contento. Puede continuar el viaje, pero debe convencerlos para que lo
lleven a Guanacaste.
VI PARTE
Una vez
en Esparza, las tropas deciden tomar un descanso y acampar. Las tiendas de
campaña y el ajetreo de los soldados pronto transforman la paz y el paisaje del
lugar. El Capitán detiene la carreta bajo un gran árbol y se apresta a encender
una fogata. Dice a Marvincito:
− Niño,
vaya y tráigame leña bien seca para encender el fuego.
Entretanto,
Pancha ayuda a preparar la comida de los soldados, especialmente la del capitán,
persona a la cual ella admira por su trato amable, inteligencia y valentía.
El niño
se luce ayudando, no solo al capitán sino también a Pancha, para ganarse su
confianza. Pronto corre un rumor entre los soldados:
− “El
general Mora partirá con mil hombres a Puntarenas, los otros esperarán
transporte. Quieren evitar una emboscada”.
Al
Capitán y a Pancha les toca irse con el General Mora, pero no se animan a dejar
solo a Marvincito y al perrito. Se han encariñado con ellos.
Bajo un
gran calor, en Puntarenas, se cruza en lancha el Golfo de Nicoya con rumbo a
Bagaces para encontrarse con la otra parte de la tropa. La temida emboscada no se da y entonces la tropa, ahora completa, parte sin novedad hasta la Ciudad de Liberia.
Una vez allí, quedan a la espera de la llegada del presidente Mora y de su Estado Mayor.
Pronto se
enteran de que soldados estadounidenses, llamados filibusteros, están
descansando y preparándose en la Hacienda Santa Rosa con el fin de atacar
Liberia.
VII PARTE
Cuando se
conoce la noticia del pronto ataque de los filibusteros, las tropas
costarricenses se agitan y preparan para la batalla. Juanito Mora y sus generales
planean sorprenderlos con el asalto de la Casona de Santa Rosa, pero necesitan
saber cuántos filibusteros están en ese lugar.
En una
mañana caliente y de cielo azul, Juanito Mora mandó a llamar al capitán
Clodomiro Escalante y le ordena:
− Quiero
que se acerque a la Casona, cuente los soldados, haga un mapa del lugar y
señale donde están atrincherados.
El capitán
Escalante sale del cuartel, camina por la Iglesia del lugar y piensa:
− ¿Cómo
haré para aproximarme a la Hacienda Santa Rosa sin llamar la atención de los
filibusteros?
En eso,
pasan Pancha Carrasco, Marvincito y Traviesín. Saludan al capitán y se dirigen
hacia donde está la carreta. El capitán Escalante se les queda mirando y piensa:
− Claro,
puedo pasar por un campesino que va en carreta por el lugar con su esposa, su hijo
y un perrito.
Dicho y
hecho, con gran valentía y sin temor, el capitán Clodomiro Escalante decide
dirigirse a las cercanías de la Casona. Llega a una altura desde la cual se
divisa donde los filibusteros se encuentran atrincherados y logra evitar que se
note su presencia.
Mientras Pancha arrea la carreta, el capitán aprovecha para confeccionar un dibujo del lugar y anota toda la información que le pidió Juanito Mora. No duran mucho tiempo y retornan al encuentro de las tropas costarricenses que vienen de camino.
VIII
PARTE
El 20 de
marzo, aproximadamente a las tres de la tarde, el general José Joaquín Mora,
luego de planear el ataque contra los filibusteros y con base en la información
que dio el Capitán Clodomiro Escalante, da la orden para que los oficiales y
soldados se lancen a la búsqueda del enemigo.
Antes de
llegar a la Casona, los soldados pasan por un callejón a cuyos lados se
extienden lomas de poca altura con muchos árboles y arbustos. Al salir del
callejón, miran un valle hondo, limpio y escarpado. Al fondo, está la Casona
que ocupa la altura, los corrales se encuentran a la mitad, tienen una cerca de
piedra. El general Mora reúne a los oficiales y les ordena:
− El
Coronel Salazar debe atacar el frente, la izquierda y la derecha de la Casona
con doscientos ochenta hombres. El capitán Marín le seguirá con dos cañoncitos,
el capitán Gutiérrez irá con doscientos hombres por fuera de las cercas y
tomará posición de la parte de atrás de las casas. La caballería quedará
formada en el callejón hasta recibir la orden de cargar al enemigo. La tropa de
Moracia esperará en el callejón, con doscientos hombres, para cubrir la
retirada en caso necesario.
Pancha,
Marvincito y Traviesín se quedan con la tropa de Moracia. Pancha comenta:
− No nos
movamos de aquí. Esto se va a poner muy feo.
Marvincito
temeroso le responde:
− ¡Tengo
mucho miedo! ¿Por qué vine a este lugar? Mejor no hubiera venido.
Los
soldados, al escuchar los sonidos de las cornetas, acuden con bravura a los
puestos de batalla y se dirigen enardecidos hacia la Casona.
Los mercenarios filibusteros se dan cuenta de lo que sucede, pero no disparan, tampoco los nuestros. El tiroteo empieza a una distancia aproximada de diecisiete metros de la casa.
Nuestros
soldados saltan a los corrales sin importarles el mortífero fuego que les cae
encima. Una vez adentro no hay esperanza
para los filibusteros: el sable y la bayoneta los hacen trizas y ellos,
aterrados, no atinan a defenderse.
En eso,
Traviesín escapa de Marvincito porque hieren al capitán Escalante cuando salta
la cerca del patio. El niño asustado dice:
−
Traviesín, venga, venga...
Marvincito
intenta perseguirlo, pero Pancha no lo deja. El perrito pasa por los corrales,
en medio de las balas y los muertos hasta llegar donde el capitán.
Traviesín
lame la cara del capitán Escalante. Un filibustero que se encuentra en el techo
de la Casona, apunta y dispara.
El
tiroteo termina. Todos están felices porque se gana la batalla, sin embargo, gran
cantidad de muertos y heridos quedan dispersos en los corrales y patios ¡Ni qué
se diga de los que se encuentran dentro de la Casona!
Marvincito
está desconsolado, asustado y triste. Suelta a llorar, corre donde están el capitán
y el perrito. Pancha lo sigue.
Al llegar, Pancha alza entre sus brazos al capitán y Marvincito se aproxima con el perrito.
Al llegar, Pancha alza entre sus brazos al capitán y Marvincito se aproxima con el perrito.
El día
está terminando, se escucha el quejido del capitán, como que estira la cabeza
hacia atrás y deja de respirar. Marvincito llorando pregunta:
− ¿Por qué se murió el capitán?
Pancha
responde:
− Era un
hombre valiente que entregó su vida para defender a su familia, nuestra tierra
y la patria.
Pancha
mira hacia el cielo que está oscuro. Sabe que será de un intenso azul cuando el
nuevo día empiece y alumbre el verdor de los campos con la esperanza de que sean vencidos,
definitivamente, los enemigos de la patria y de todos los pueblos
centroamericanos.







